En las lecturas del Evangelio del segundo y tercer Domingo de Adviento se nos mencionó a Juan el Bautista, aquel que el mismo Jesús llamó “más que un profeta”. Pero ¿Qué es un profeta? Un profeta es una persona (hombre o mujer) elegida por Dios y enviada para hablar en su nombre. Dios se sirve de los profetas para formar religiosamente a su pueblo.
El mensaje profético tiene dos aspectos: Denuncia y Anuncio.
Denuncia
- En el ámbito religioso el profeta defiende los derechos divinos. Reclama ante todo la exclusividad en el amor de Dios. El único Dios es YHWH, no existen otros dioses. A la santidad de Dios se opone la impureza del hombre, por ello los profetas se vuelven conscientes del pecado, ya sea personal o colectivo (social). Por ello atacan el formalismo cultual (ritualismo) cuando está contaminado de injusticia.
- En el ámbito económico-social los profetas se encaminan a denunciar la injusticia social y a defender los derechos de los pobres y desvalidos. Pero no promueven una revolución violenta, que es contraria a la misericordia de Dios, sino una renovación profunda de la vocación y misión de su pueblo a la luz de la Alianza.
- En el ámbito político los profetas intervienen cuando los líderes políticos desatienden lo que Dios quiere para su pueblo.
Anuncio
- Los profetas son auténticos forjadores de esperanza, que abren la historia y los horizontes del pueblo hacia un futuro de salvación y plenitud. El profeta devela el misterio divino referente a la salvación en la era mesiánica. Las profecías mesiánicas se encargarán de ir delineando la persona y obra del Mesías, urgiendo al mismo tiempo la necesidad de prepararle el camino.
De esta manera se dice que el profeta denuncia el pecado y anuncia la salvación para quienes se convierten. Y puesto que muchas veces los profetas tienen que reprender a las autoridades, a los sacerdotes y al pueblo en general, en muchas ocasiones representan una molestia o amenaza para los que no aceptan el mensaje, por ello en han encontrado mucha oposición, llegan a sufrir maltrato, e incluso una muerte violenta, pero en recompensa a su fidelidad alcanzan el Reino de Dios.
La misión profética de Juan el Bautista
Juan prepara el camino a Jesús mediante el llamado al cambio de vida: «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos.» Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas… «Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.» (Mt 3,1–12)
Al empezar su vida pública Jesús recibe el bautismo por parte de Juan para que éste diese testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios: Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.» (Mt 3,13–17)
Posteriormente Juan manda a sus discípulos con Jesús para que ellos mismos se cercioren de que Jesús es el Mesías anunciado por los profetas, incluido él mismo. Por lo que Jesús se los hace ver por medio de sus señales: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!» (Mt 11,2–6). Estas señales eran precisamente los “signos mesiánicos” que Dios había prometido a su pueblo cuando apareciera el Mesías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido para evangelizar a los pobres; me envió a predicar a los cautivos la libertad, a los ciegos la recuperación de la vista; para poner en libertad a los oprimidos, para anunciar un año de gracia del Señor” (Is 61, 1-3). Profecía que el mismo Jesús se aplicó en la sinagoga de Nazaret: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír” (Lc 4, 18–21).
En cuanto a Juan, Jesús nos revela cual fue su misión dentro del Plan de Salvación: Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino… (Mt 11,7–15).
La misión profética de Jesús y la Iglesia
Después del bautismo en el Jordán, Jesús comienza a cumplir su triple misión: Misión real, que lo compromete en su lucha contra el espíritu del mal; Misión profética, que lo convierte en predicador incansable de la buena nueva; y Misión sacerdotal, que lo impulsa a la alabanza y a la entrega de sí al Padre por nuestra salvación.
Del mismo modo quien recibe el Bautismo queda revestido del Espíritu Santo y unido a Cristo, lo que significa que la misma vida de Cristo está presente y actúa en quien ha recibido el Bautismo. Por lo que está llamado a dar testimonio del Señor en este mundo, y a participar de la misión sacerdotal, profética y regia de Cristo, como queda de manifiesto en la Liturgia del Sacramento del Bautismo: “Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que te ha liberado del pecado y dado nueva vida por el agua y el Espíritu Santo, te consagre con el crisma de la salvación para que entres a formar parte de su pueblo y seas para siempre miembro de Cristo, sacerdote, profeta y rey.”
El bautismo nos compromete entonces –además de a la misión regia y sacerdotal– a la misión profética, tal como lo anuncia el Concilio Vaticano II: Cristo, el gran Profeta, que por el testimonio de su vida y por la virtud de su palabra proclamo el Reino del Padre, cumple su misión profética hasta la plena manifestación de la gloria, no solo a través de la jerarquía, que enseña en su nombre y con su potestad, sino también por medio de los laicos, a quienes por ello, constituye en testigos y les ilumina con el sentido de la fe y la gracia de la palabra (Ac 2,17-18 Ap 19,10) para que la virtud del Evangelio brille en la vida cotidiana familiar y social. (LG 35 — Lumen Gentium #35)
Nuestra misión profética como miembros de la Iglesia consiste en acoger el Evangelio con fe para anunciarlo con palabras y obras, así como en denunciar el mal y actuar en consecuencia con misericordia. Para cumplir dicha misión el Espíritu Santo es quien nos puede capacitar y llenar de sus dones para ser testigos de Cristo, para ser transmisores de su Palabra, para ser anunciadores de su modo de obrar con los pecadores, para llevar a todos los campos de nuestra vida cotidiana, familiar y social los valores del Evangelio y dar testimonio de vida. Pidamos pues al Espíritu Santo que en éste tiempo de preparación hacia la Navidad nos capacite para poder realizar nuestra misión profética.
Concédenos Padre misericordioso que ninguna preocupación nos impida seguir preparándonos a la venida de tu Hijo y que el ejemplo de los profetas nos active a construir la paz basada en la dignidad y la justicia para los más pobres. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
esto esta su per y me sirbio para mi tarea selo aconsejo es super y lo mejo de la vida muy chabre los dibujos la presentacion las fechas y lo de mas y le mando un saludo a esmeralda a eimy a mafe y a maira que las quiero mucho y que son mis mejores amigas y que no lo olviden nunca asi nos separemosbamos a estar juntastoda la vida y le digo amafe y edsmeralda que no se peleen por mi yo las quiero alas dos por igual besos bay bay bay bay baby
CUALERA LA MISION DEL PROFETA
En pocas palabras: Denunciar el mal cometido (contra Dios o los hombres) y anunciar la buena nueva de parte de Dios para su pueblo.
¿PERO CUAL CUAL ES LA MISION DE LOS PROFETAS????????????